Evaldo Martín

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Empresario.

Me encuentro con una mujer con muy buen aspecto y de repente, sin mediar más palabras que las de bienvenida, empieza a pedirme perdón, me dice que es culpa suya, que tengo motivos para estar enfadado, pero la manera de decirlo me resulta muy familiar, me sorprende, ¿Quién es? ¿Es mi padre? Sí, no tengo duda, y esto me lo está diciendo una persona que no me conoce de nada, que no me ha visto nunca y que no sabe nada de mí, ¿Qué pasa? Me sorprendo y me estremezco. Así pude comprender y perdonar los actos de mi padre, no tuve duda de que la persona que me hablaba era él, sus palabras y su conocimiento sobre los hechos eran inequívocos.

Al rato, de repente, se va a la esquina de la habitación (sin previo aviso) y se pone a llorar desconsoladamente, con lágrimas en los ojos y me dice que me quiere, que se tuvo que apartar de mí para protegerse. Me dijo que era la madre mis hijos. Pero no hacía falta, era evidente, también su manera de expresarse y las cosas que me decía eran inequívocas de quién era. En este caso, yo le pude pedir perdón a ella.

Estas dos situaciones se dieron el primer día que nos conocimos sin saber ella nada de nada, yo me quedé impresionado. Fui a verla porque me lo aconsejaron, pero yo, no tenía en aquel momento demasiada creencia en estas cosas, ahora tengo que decir que no tengo duda. Por otra parte, me ha ayudado a estar en paz con estos temas que tengo en mi corazón y por tanto a evolucionar como persona y encontrar más mí camino de autoconsciencia.

Después de esta primera experiencia he regresado más veces y siempre ha sido una experiencia muy especial.

Me gustaría dejar claro que Teresa Borotau es una mujer que lo siente todo desde el punto de vista positivo creador y renovador de la persona, en ausencia de miedo y por tanto el estar en su compañía proporciona luz esperanza y optimismo.

Gracias Teresa por tu compañía

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